Un "escrache" a Escipión Emiliano

Pablo Ozcáriz Gil 

Universidad Rey Juan Carlos (artículo publicado previamente en vavel.com) 


La utilización de la presión popular sobre una persona no es algo nuevo, aunque el término “escrache” sí lo sea.


Escipión Emiliano recibiendo las llaves de la ciudad de Cartago. Foto: Hunton Archive / Getty Image.


En las últimas semanas se ha puesto de moda un nuevo término denominado “escrache”. Según lo define la agencia Efe, se trataría de “un término acuñado en Argentina (...), un tipo de manifestación en la que un grupo de activistas se dirige al domicilio o lugar de trabajo de alguien a quien se quiere denunciar para protestar por un hecho, con el objetivo de que su demanda se haga conocida a la opinión pública”.

A menudo, la plebe de Roma ejercía presión sobre aquellos políticos que no compartían sus intereses. Se trata de un fenómeno que no tiene nada que ver con la actualidad ni en el fondo ni en la forma. Pero los escraches me sirven para rescatar el episodio de presión popular que sufrió Publio Cornelio Escipión Emiliano al final de sus días. Emiliano era nieto por adopción de Escipión el 'Africano', quien venció a Aníbal en la Segunda Guerra Púnica. Su familia adoptiva había sido tradicionalmente defensora de la influencia griega en Roma, contra aquellos como Catón que abogaban por la “pureza” de las tradiciones romanas. Emiliano no quedó a la zaga de los éxitos de su abuelo y pasó a la Historia por ser el destructor de las ciudades de Cartago y de Numancia. Todos los historiadores destacaron su importancia para la gloria de Roma, y los romanos le tenían en alta estima, ya que les había quitado un molesto problema como era la ciudad de Cartago, y había vengado la humillación sufrida en Numancia. Fue un general que, al contrario que muchos otros, se distinguía por su eficacia militar y por limpiar a sus ejércitos de sus principales vicios: la vida relajada, cualquier tipo de lujos, adivinos y prostitutas. Por eso sorprende la forma en que tuvo que sufrir la ira de gran parte del pueblo romano durante sus últimos días.


Emiliano terminó su campaña numantina en el 133, año importante y convulso en la historia de Roma. A la conquista de Numancia se unió la incorporación del reino de Pérgamo y el asesinato de Tiberio Sempronio Graco. Éste había destacado por proponer unas reformas agrarias que beneficiaban a las clases más desfavorecidas de Roma, en contra de los intereses de la aristocracia. Ese conflicto dividió a Roma en dos bandos, el de los optimates y el de los populares. Las posiciones de ambos estaban totalmente enfrentadas, y las acciones de presión eran continuas en ambos sentidos. Graco murió en una conjura urdida por los optimates. La plebe, ese “ente” casi abstracto, muchas veces menos homogéneo de lo que se quiere hacer ver y muy, muy manipulable, esperaba el apoyo de Escipión Emiliano al bando popular. Pero no fue así. Emiliano afirmó, en público, que el asesinato de Graco había sido justo. Apiano (B.C. 1, 19) señala que “a partir de aquí comenzó el odio y la irritación del pueblo contra Escipión porque, después de haberle favorecido hasta el punto de suscitar la envidia y de haberse opuesto a la aristocracia en su defensa en muchas ocasiones y haberle elegido cónsul dos veces en contra de la ley, veía que había tomado partido (...) contra ellos”. Según Plutarco (Moralia. Máximas de romanos. Escipión el Joven 22-23), ante esta reacción popular Emiliano dijo: “Jamás el grito de guerra de los ejércitos me inquietó, y menos el de una chusma, de quienes sé que Italia no es su madre, sino su madrastra”. Esas palabras enfurecieron todavía más al pueblo, que le comenzó a calificar de tirano. Emiliano era consciente de su prestigio y se identificó con el verdadero espíritu de Roma, con lo que contestó: “Probablemente, quienes hacen la guerra a la patria quieran deshacerse antes de mí, pues no es posible que Roma caiga mientras esté Escipión, ni que Escipión viva cuando Roma caiga”. A los pocos días Escipión murió en la cama. Los historiadores romanos discutieron si murió estrangulado o por muerte natural, y no se pusieron de acuerdo. En el caso de que fuese muerte natural, la presión social pudo tener mucho que ver en su fallecimiento.

Desde nuestra mentalidad actual, podemos tener la tentación de juzgar a Emiliano como un héroe del pueblo que se vendió a los intereses de la clase aristocrática. Este cambio de postura se produjo, es verdad, pero no fue algo tan simple. Según Apiano, autor que admiraba a los Graco, Emiliano había optado por apoyar a los itálicos. Éstos estaban contra las reformas, debido a que sufrían injustamente numerosos litigios y expropiaciones de tierras para ser repartidas entre la plebe romana. Los itálicos eran los habitantes de las ciudades italianas conquistadas por Roma y estaban en clara inferioridad respecto a los romanos. Gozaban de libertad para organizarse a nivel interno, pero debían aportar numerosas tropas auxiliares para los ejércitos romanos. Emiliano admiraba su valor por su actuación en la guerra numantina y, por tanto, quiso apoyarlos aunque sus conciudadanos no lo pudieron entender.

En cualquier caso, muchos se alegraron de su muerte. La situación social era tan tensa que ni siquiera se hicieron investigaciones sobre la causa de su fallecimiento ni se le decretó un funeral de Estado. Según Apiano, “hasta tal punto la ira del momento presente se impuso a la gratitud por el pasado”.

Comentarios

  1. Itálicos, sí. Pero terratenientes itálicos. Los "optimates" de los "socii", podríamos decir...

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